Supraconciencia: qué es, de dónde surge el concepto y qué dice realmente la ciencia
¿Nuestra conciencia termina en aquello que pensamos y percibimos conscientemente? ¿O existen niveles de la mente capaces de producir intuiciones, experiencias de unidad, creatividad extraordinaria o estados que sentimos como algo mucho mayor que nosotros mismos?
La idea de una supraconciencia, también denominada en determinados contextos superconsciente, aparece desde hace décadas en la psicología transpersonal, la filosofía y diferentes tradiciones espirituales.
Sin embargo, en los últimos años el término también se ha mezclado con afirmaciones relacionadas con la neurociencia, la física cuántica e incluso con la existencia de una supuesta conciencia universal.
Y aquí aparece una pregunta fascinante:
¿Qué sabemos realmente sobre la supraconciencia y qué pertenece todavía al terreno de las hipótesis?
¿Qué es la supraconciencia?
No existe una única definición científica universal de “supraconciencia”. Dependiendo de la corriente psicológica, filosófica o espiritual que utilice el término, su significado puede variar considerablemente.
De manera general, se utiliza para describir estados o contenidos de la conciencia que parecen ir más allá del funcionamiento mental cotidiano.
Se ha relacionado con experiencias como:
- intuiciones repentinas,
- creatividad excepcional,
- experiencias de profunda unidad,
- estados contemplativos o meditativos,
- experiencias místicas,
- sensaciones de trascendencia,
- y determinados estados extraordinarios de conciencia.
Pero experimentar algo extraordinario no significa necesariamente que su origen sea externo al cerebro. Esa diferencia será fundamental a lo largo de este artículo.
Una idea mucho más antigua de lo que parece
La búsqueda de estados superiores de conciencia no comenzó con la neurociencia moderna.
Durante miles de años diferentes tradiciones filosóficas y espirituales han descrito experiencias en las que una persona siente que su identidad individual se diluye o entra en contacto con una realidad más amplia.
Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX algunos investigadores comenzaron a intentar estudiar estas experiencias desde una perspectiva psicológica.
Richard Maurice Bucke y la “conciencia cósmica”
En 1901 el médico canadiense Richard Maurice Bucke publicó Cosmic Consciousness.
Bucke defendía que algunos seres humanos habían experimentado un estado de conciencia diferente al ordinario, caracterizado por una intensa sensación de conexión con el universo y una comprensión profunda de la existencia.
Lo llamó conciencia cósmica.
Sus planteamientos no constituyen una demostración científica de una conciencia universal, pero tuvieron una enorme influencia posterior en el estudio de las experiencias trascendentes.
William James y las experiencias místicas
Poco después, el filósofo y psicólogo estadounidense William James publicó en 1902 The Varieties of Religious Experience.
James estudió numerosos testimonios de experiencias religiosas y místicas e intentó analizarlos desde la psicología sin reducir automáticamente todas esas experiencias a simples errores o fantasías.
Observó que determinadas experiencias podían producir transformaciones psicológicas profundas en quienes las vivían.
Pero existe una distinción importante:
Que una experiencia tenga consecuencias psicológicas reales no demuestra necesariamente que la interpretación sobrenatural que hacemos de ella también lo sea.
Esta diferencia continúa siendo fundamental más de un siglo después.
Roberto Assagioli y el superconsciente
Uno de los autores que desarrolló de manera más clara una idea cercana a la supraconciencia fue el psiquiatra italiano Roberto Assagioli, fundador de la psicosíntesis.
Assagioli propuso un modelo de la psique humana que incluía diferentes niveles.
Además de contenidos inconscientes relacionados con impulsos, recuerdos y conflictos psicológicos, describió un inconsciente superior o superconsciente.
En él situaba fenómenos relacionados con la inspiración, la creatividad, determinadas intuiciones, valores elevados y experiencias transpersonales.
Esto introduce una idea muy interesante: el inconsciente no tendría por qué ser únicamente un almacén de conflictos y recuerdos reprimidos. También podría participar en procesos creativos y experiencias psicológicas extraordinarias.
Maslow y las experiencias cumbre
El psicólogo Abraham Maslow, conocido por sus estudios sobre motivación y desarrollo humano, investigó también las llamadas experiencias cumbre.
Son momentos extraordinariamente intensos en los que algunas personas describen claridad, plenitud, conexión, asombro o una pérdida temporal de la sensación habitual del “yo”.
Estas investigaciones contribuirían posteriormente al desarrollo de la psicología transpersonal, especialmente a partir de finales de la década de 1960.
Esta corriente comenzó a estudiar experiencias relacionadas con la trascendencia, la meditación y determinados estados modificados de conciencia.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando cambia nuestra conciencia?
Aquí entramos en el terreno de la neurociencia.
Actualmente podemos estudiar el cerebro mediante técnicas capaces de observar cambios en su actividad durante el sueño, la meditación, determinados estados alterados de conciencia y numerosas tareas cognitivas.
La investigación busca comprender los llamados correlatos neuronales de la conciencia: los procesos cerebrales que acompañan a una determinada experiencia consciente.
Pero debemos tener cuidado con la interpretación.
Encontrar actividad neuronal asociada a una experiencia espiritual, mística o trascendente no demuestra que las neuronas estén conectándose con una conciencia externa al cerebro.
Demuestra que existe una relación entre esa experiencia y determinados procesos cerebrales.
Son afirmaciones completamente diferentes.
Entonces, ¿la ciencia ha demostrado la supraconciencia?
No, si entendemos por supraconciencia una conciencia universal independiente del cerebro.
Actualmente no existe evidencia científica suficiente y aceptada que permita afirmar que los seres humanos podamos conectarnos mediante nuestras neuronas con una conciencia universal externa.
La ciencia sí estudia la conciencia, los estados modificados de conciencia, la meditación, las experiencias místicas, la percepción, la intuición y los procesos inconscientes.
También sabemos que una enorme cantidad de procesamiento cerebral ocurre sin que seamos conscientes de ello.
Pero pasar de esa realidad a afirmar que existe una “mente universal” requiere una evidencia adicional que todavía no tenemos.
¿Y qué ocurre con la intuición?
La intuición resulta especialmente interesante porque muchas veces una respuesta aparece en nuestra mente antes de que podamos explicar conscientemente cómo hemos llegado hasta ella.
Eso puede producir la sensación de que la información procede de algún lugar externo.
Sin embargo, nuestro cerebro procesa constantemente patrones, experiencias anteriores y señales de las que no siempre somos conscientes.
Esto no elimina el misterio de la intuición, pero proporciona mecanismos psicológicos capaces de explicar al menos parte de estas experiencias.
En ¿Y si la intuición no fuera algo mágico? profundizo precisamente en la relación entre intuición, espiritualidad y ciencia.
Estados extraordinarios: sueños lúcidos y experiencias fuera del cuerpo
Los sueños lúcidos, determinadas experiencias durante el sueño y las llamadas experiencias fuera del cuerpo muestran hasta qué punto nuestra percepción de nosotros mismos puede cambiar.
Una persona puede experimentar estas situaciones con una intensidad extraordinaria y sentirlas completamente reales.
Pero nuevamente debemos separar dos cuestiones.
La experiencia es real como experiencia subjetiva.
Determinar si aquello que experimentamos corresponde además a una realidad independiente de nuestra mente es una cuestión diferente y necesita pruebas adicionales.
Este tema lo desarrollo también en Los sueños, sueños lúcidos y viajes astrales: el lenguaje secreto del alma.
Conciencia espiritual y supraconciencia
Desde una interpretación espiritual, la supraconciencia puede entenderse como un nivel profundo de conexión con nosotros mismos, con otras personas, con la naturaleza o incluso con una realidad universal.
Para algunas personas esa realidad recibe el nombre de Dios. Para otras es energía, conciencia universal, naturaleza o simplemente una dimensión todavía desconocida de la existencia.
La espiritualidad puede explorar esas posibilidades.
La ciencia, en cambio, necesita convertirlas en hipótesis que puedan ponerse a prueba.
Son dos maneras distintas de aproximarse a una misma gran pregunta.
Si te interesa esta perspectiva puedes continuar leyendo Conciencia espiritual y despertar interior: guía paso a paso.
El gran misterio de la conciencia continúa abierto
A pesar de los enormes avances de la neurociencia, todavía no tenemos una explicación completa de cómo la actividad física del cerebro produce nuestra experiencia subjetiva.
Podemos estudiar neuronas, conexiones, redes cerebrales y actividad eléctrica.
Podemos observar qué regiones participan cuando vemos un rostro, recordamos algo o tomamos determinadas decisiones.
Pero comprender por completo por qué esos procesos van acompañados de la experiencia interna de sentir que existimos continúa siendo uno de los grandes problemas de la filosofía de la mente y de la ciencia de la conciencia.
Y precisamente ahí aparece el territorio más interesante.
Entre la ciencia y la espiritualidad
Quizá no necesitemos elegir inmediatamente entre dos extremos.
No tenemos pruebas suficientes para afirmar que una supraconciencia universal esté demostrada científicamente.
Pero tampoco significa que comprendamos completamente todos los límites y posibilidades de la conciencia humana.
Podemos mantener abierta la pregunta sin convertir una posibilidad en una certeza.
La historia de la ciencia está llena de preguntas que necesitaron décadas o siglos para encontrar respuestas. Algunas ideas fueron confirmadas. Otras tuvieron que abandonarse.
La conciencia continúa siendo una de esas enormes fronteras.
Una reflexión final
Tal vez la pregunta más interesante no sea únicamente:
“¿Existe la supraconciencia?”
Sino también:
¿Cuánto conocemos realmente de nuestra propia conciencia?
Podemos explorar nuestras intuiciones, sueños, experiencias espirituales y estados profundos de conciencia sin necesidad de convertir inmediatamente nuestras interpretaciones en hechos científicos.
La curiosidad permite mantener abiertas las puertas.
La evidencia nos ayuda a saber cuáles podemos atravesar.
Y quizá entre ambas se encuentre una de las investigaciones más fascinantes de nuestra propia existencia.
¿Qué piensas tú? ¿La supraconciencia podría ser una capacidad todavía poco comprendida de nuestro cerebro o crees que nuestra conciencia puede formar parte de algo mucho mayor?
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